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Rodillo ventral de Fosbury

Son las 9 de la mañana y se oye el ruido de la presión de agua de las mangueras y ladridos sueltos de distintos perros. Es la banda sonora del CPA, una música que habla de las historias de cada uno de los animales alojados en el Centro.

Bárbara llama a mi puerta y me pide que salga un momento, porque ha pasado “algo raro”.

Según parece, en la zona de la plataforma, “Bronx” (una perra Pitt Bull que tiene privilegio de paseo en esa zona a primera hora de la mañana) se ha quedado marcando con ladridos una caseta de utensilios, y no se quiere mover de allí.

De modo que vamos a ver, qué le pasa a la “Bronx”.

Efectivamente, para ser una Pitt parece mentira que ponga esa pose de pointer, será que los perros, aburridos, se van fijando entre ellos y se copian las posturas. El caso es que Bronx está marcando claramente el hueco mínimo y oscuro comprendido entre la caseta y el muro del CPA.

“Ahí hay algo fijo”. Encendemos la linterna del móvil y dos ojitos brillan desde esa estrecha franja oscura, pues sí, es un galgo.

Ahí está, ¿y de dónde ha salido? Es la primera vez que lo vemos, no está registrado porque simplemente no estaba en el CPA. Es como si se hubiera teletransportado, ¡hago Flash! y aparezco a tu lado.

Lo examino y veo que está bien, es un perro joven, bien nutrido y limpio, sin heridas, eso sí, parece que tiene la cola atornillada al esternón ya que la mete entre las patas con tanta fuerza que le llega hasta el xifoides.

Con esa misma postura me recibe mientras le implanto el chip y le pongo las vacunas, sin un mal gesto, sin un quejido. Es que te cae bien nada más verlo.

Estamos haciendo hipótesis sobre cómo se ha “manifestado” entre nosotros porque desde luego se descarta que haya entrado por la puerta grande o voluntariamente.

No quedan muchas opciones, todos miramos al muro.

Lo han tenido que lanzar por encima de la valla del centro, es la única explicación racional.

Y es entonces cuando me vienen a la cabeza esas imágenes de los juegos olímpicos en la modalidad de salto de altura, y recuerdo la historia de Fosbury, un atleta que se inventó su propia técnica de salto. Rodillo ventral de Fosbury, así bautizaron aquel extraño salto que, sin embargo, batió todos los récords hasta esa fecha.

No hago más que pensar en el vuelo del galgo por encima del muro, y si ese pobre animal también se tuvo que inventar una técnica novedosa para poder aterrizar sin hacerse un solo rasguño.

Fosbury, así le hemos bautizado, es un buen tipo.

Le falta seguridad, le falta autoestima, pero en poco tiempo entre nosotros ya se ha ido haciendo a todo, tiene muchas ganas de ser feliz.

Estoy seguro de que al final, se van a pegar por adoptarlo. Tiene la suerte de “caer bien” tanto si lo lanzas de un muro como a simple vista, y eso es algo que marca la diferencia en las adopciones.

Estamos ansiosos por conocer a los adoptantes de Fosbury y ya les explicaremos por qué mete la cola entre las patas cuando pasa cerca de un muro.

PEPE FERNANDEZ BASTERRA, VETERINARIO MUNICIPAL VITORIA-GASTEIZ.

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